Mina Nogueira
09.24




"No os preocupéis por hacer obra final, podéis estar tranquilas". Yo, acostumbrada al funcionamiento de la academia y a un mundo donde perseguimos la hiperproductividad, me puse un poco nerviosa, al sentirme fuera de mi zona de confort y no visualizar un objetivo. Sin embargo, a través de los talleres de la primera semana lo fui entendiendo: el hacer por hacer o el hacer por disfrutar y aprender. Algo que me llevó a conectar con mi infancia y volver a sentir lo que realmente me enganchó al mundo del arte.Tajuela como un puente para nuevos enfoques de creación y como una apertura de mis esquemas sobre el espacio. Acostumbrada, como incitan las ciudades, a pensar las cosas desde la fragmentación y el análisis de sus partes, me encontré de frente con Fornillos de Fermoselle, donde esa fragmentación desaparece ante un diálogo entre los elementos, un difuminado límite entre lo humano y el entorno. Fue precisamente esa conexión la que me llevó a cambiar de un método de creación esquemático a otro donde las manos guían a la cabeza, permitiéndome explorar un hacer más abierto.
Con la percepción del tiempo algo distorsionada pasaban los días y sin darme cuenta lo que estaba haciendo en el taller se alimentaba de todo lo que estábamos viviendo y compartiendo: las personas que conocíamos, las compañeras y sus formas de hacer, Aitana y su familia, las actividades, las conversaciones, la naturaleza, las estructuras cargadas de historia… resultando en piezas que hablan del diálogo. Un diálogo que ya forma parte de mí y sé que me acompañará.
No puedo estar más agradecida de poder haber formado parte de esta segunda edición de Tajuela, de la profesionalidad de Aitana, la trascendencia de los talleres, la relación con las compañeras y, por supuesto, la buenísima comida.
